“Una cadena de atroces imposturas”: Servando Teresa de Mier a través de la biografía y la historiografía, 1817-1977
Horacio Cruz García
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Resumen:
El presente artículo es una revisión de la producción escrita, particularmente biografías e historiografía, sobre Servando Teresa de Mier, desde las primeras obras sobre su vida a inicios del siglo XIX hasta el sesquicentenario de su muerte en 1977. El objetivo es analizar la manera en que se ha representado al fraile y político y cómo han variado las valoraciones históricas sobre él a lo largo del tiempo, así como los motivos por los que se ha estudiado su vida en un lapso de casi 150 años. El artículo se conforma por una introducción, cuatro apartados en orden cronológico que agrupan a ciertas obras en función de sus horizontes histórico-culturales, fuentes e interpretaciones en torno a Mier, y conclusiones.
Summary:
This article is a review of the written production, particularly biography and historiography, on Servando Teresa de Mier, from the earlier works about his life at the beginnings of 19th century, to the sesquicentennial anniversary of his death in 1977. The objective is to analyze the way in which the friar and politic has been represented and how the historical valuations on him have changed through time, as well as the reasons why his life has been studied over a period of almost 150 years. This article consists of an introduction, four sections in chronological order that group certain works based on their historical-cultural horizons, fonts and interpretations on Mier, and conclusions.
Palabras claves: Historiografía, biografía, centralismo, federalismo, república.
Keywords: Historiography, Biography, Centralism, Federalism, Republic.
“Se dice que soy hereje; se asegura que soy masón y se anuncia que soy centralista. Todo es, compatriotas carísimos, una cadena de atroces imposturas”.
-Servando Teresa de Mier, 15 de noviembre de 1827.
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Introducción
José Servando de Santa Teresa de Mier Noriega y Guerra, conocido popularmente como fray Servando o el padre Mier, es considerado con justicia como uno de los personajes emblemáticos en la formación de la nación mexicana a inicios del siglo XIX. Personaje tan multifacético como polémico en vida, oriundo de Monterrey, tras su muerte en 1827 no quedó relegado al olvido. Su vida, narrada por primera vez por él mismo a través de sus escritos autobiográficos, lo ha convertido en un personaje complejo y fascinante en cuanto a su trayectoria vital y pensamiento político se refiere. A lo largo de los casi 200 años que corren desde su último aliento, se han escrito no pocas biografías sobre el religioso y político, sin contar la producción académica contemporánea, centrada en aspectos puntuales de su dilatada vida, obra e ideología.
El presente artículo estudia la construcción de la figura del padre Mier desde inicios del siglo XIX hasta 1977, a partir del análisis de un considerable número de biografías escritas sobre él, así como sus representaciones en diferentes obras historiográficas. El propósito es señalar los diferentes atributos que se le han otorgado a fray Servando y cómo han variado a lo largo del tiempo, de tal manera que se ha conformado un imaginario histórico en torno al religioso regiomontano. La delimitación temporal responde a que la mayoría de la producción escrita sobre Mier versaba sobre aspectos generales de su vida; a partir de la década de 1980, la literatura académica comenzó a especializarse en aspectos particulares de Mier y se redujeron las obras de carácter biográfico.
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De la imagen propia a la representación ajena
“Es tiempo de instruir a la posteridad sobre la verdad de todo lo ocurrido en este negocio, para que juzgue con su acostumbrada imparcialidad, se aproveche y haga justicia a mi memoria, pues
esta apología ya no puede servirme en esta vida que naturalmente está cerca de su término en mi edad de 56 años”.1 De esta manera inicia el segundo párrafo de las Memorias de fray Servando, donde deja de manifiesto la intención de sus escritos. Bajo ese título, en diferentes ediciones se han agrupado la Apología, la Relación de lo sucedido en Europa y el Manifiesto apologético. El primer texto narra los eventos ocurridos entre 1794, cuando pronunció el famoso sermón guadalupano, hasta 1795, cuando fue desterrado a España; la Relación contiene los eventos sucedidos de 1795 hasta 1805, y el Manifiesto, lo ocurrido desde ese año hasta 1817, cuando participó en la expedición de Xavier Mina en Nueva España. En la cronología continúa la Exposición de la persecución que ha padecido desde 14 de junio de 1814 hasta el presente de 1822.
Como antecedente de la literatura biográfica en Nueva España, se encuentran las crónicas de la conquista y las hagiografías, ambas de género panegírico, donde los protagonistas son individuos que, por sus hazañas, merecen pasar a la posteridad a través de la palabra escrita.2 En el ámbito secular, en el siglo XVIII se encuentran los antecedentes de la literatura biográfica mexicana, con autores como Carlos de Sigüenza y Góngora y Juan José de Eguiara y Eguren, motivados por la búsqueda y ensalzamiento de una identidad cultural novohispana.3
Las Memorias de fray Servando presentan una perspectiva ejemplar –heroica– de sí mismo, a través de las narraciones de sus fugas, su participación en batallas y cómo libró la muerte, el arrojo y la valentía ante las injusticias y la opresión, así como su carácter docto. Todo esto convirtió a Mier, en vida suya, en un personaje excepcional por encima del común. Empero, a diferencia de la literatura apologética que creó a los héroes de la nueva nación, en las Memorias de Mier destaca el elemento picaresco, mucho más cercano al antihéroe, desde la narración de una persona que pasó del sector noble de la sociedad a ser relegado y perseguido, vividor de mil pesares, con visiones burlonas de él mismo y de sus detractores:4
Todo el rigor del invierno, sin fuego ni capote, pasé en la nevera de aquel calabozo. La ropa se me había podrido en el cuerpo, y me llené de piojos, llené con ellos la cama, tan grandes y gordos que la frazada andaba sola […]. Para bajar me quité toda la ropa, y me vestí la que me había hecho el vicario de Madrid. Cesaron entonces los piojos, pero a la
1 MIER, Fray Servando Teresa de, Memorias, México, Secretaría de Cultura-Dirección General de Publicaciones, 2016, p. 9.
2 HERNÁNDEZ QUEZADA, Javier, No está en mis manos escribir sin vehemencia: autobiografía y picaresca en las Memorias de Fray Servando, México, CONACULTA, UABJO, 2003, pp. 38-50.
3 SOBERÓN MORA, Arturo, “Biografía e Historia en el siglo XIX”, en Humanitas. Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, UANL-Centro de Estudios Humanísticos, vol. IV, núm. 40-41, 2013, pp. 185-191.
4 HERNÁNDEZ QUEZADA, op. cit., pp. 50-58; 115-148.
cama entera, con la ropa que me quité, tuvieron que quemarla. Me afeitaron en la enfermería, y de oso comencé a parecer gente.5
En otros textos del fraile, que no son precisamente autobiográficos, es posible encontrar diferentes facetas que de él mismo proyectó que se advierten en sus escritos previos. En la Memoria Político-Instructiva, escrita en mayo de 1822, y en la Profecía sobre la federación, discurso del 11 de diciembre de 1823,6 refuerza “su imagen social, se construye y re-construye a sí mismo a partir de su incesante obsesión de ser criollo, de la feroz resistencia al desprecio que ha padecido, de la reiterada afirmación de su dignidad, y de la eterna búsqueda de justicia”. En otras palabras, Mier construyó una imagen de él mismo testimonial, apologética y como protagonista del devenir histórico.7
En 1821, se publicó el segundo tomo de la Biblioteca hispano-americana septentrional, del teólogo José Mariano Beristáin de Souza, enconado crítico de la insurgencia. La Biblioteca contiene una semblanza poco halagadora de Mier, de un “ingenio tan brillante como superficial” y, sobre el sermón guadalupano, el cual Beristáin tacha de “muestra pública de su carácter novelero”. El teólogo censuró el apoyo de fray Servando a la independencia novohispana, y si bien reconoce sus servicios como capellán de los ejércitos españoles en su lucha contra Napoleón, sentencia que “[m]as al fin violento con el camino de conseguir la gloria, mudó de ideas y de domicilio”, en referencia a su traslado a Londres.8 El autor falleció en 1817, por lo que no se menciona la participación de Mier en la expedición de Mina.
El 27 de septiembre de 1822, José Joaquín Fernández de Lizardi publica el folleto Defensa de los diputados presos y demás presos que no son diputados, en especial el padre Mier, en el contexto de la aprehensión de varios hombres acusados de conspirar contra el Imperio. Fernández de Lizardi
5 MIER, op. cit., pp. 392-393.
6 Generalmente se acepta como fecha de lectura de la llamada Profecía sobre la Federación el 13 de diciembre. Sin embargo, el periódico Águila Mexicana, el 12 de diciembre, reseñó la sesión del día anterior y mencionó que “El Sr. Mier lo impugnó [el art. 5° del proyecto] en el supuesto de que la república federal haya de ser en los términos que expresa el artículo 6° (su discurso se dará oportunamente)”. En la edición del 14 de diciembre fue publicada la alocución. Véase “SOBERANO CONGRESO. PRESIDENCIA DEL SR. MANGINO. Sesión del 11 de diciembre de 1823”, Águila Mexicana, 12 de diciembre de 1823, p. 4 y “DISCURSO que pronunció el día 11 de diciembre de 1823 en el Soberano Congreso el Sr. Dr. D. Servando Teresa de Mier sobre el artículo 5°”, Águila Mexicana, 14 de diciembre de 1823, pp. 2-3 y 15 de diciembre de 1823, pp. 1-2.
7 CANTÚ ORTIZ, Ludivina, “La subjetividad del ‘Yo’ en el discurso político de fray Servando Teresa de Mier”, ponencia presentada en el IX Congreso Argentino de Hispanistas “El Hispanismo ante el Bicentenario”, La Plata, Asociación Argentina de Hispanistas, 2010, pp. 1-11.
8 BERISTÁIN DE SOUZA, José Mariano, Biblioteca hispano-americana septentrional, tomo II, México, [Imprenta de la] Calle de Santo Domingo y esquina de Tacuba, 1821, pp. 301-302.
hace referencia a un panfleto irónico que “defendía” a fray Servando, el cual afirmaba que mantenía su condición de religioso regular y no secular, por lo que no debía ser diputado constituyente.9 La apología refiere la inteligencia y sabiduría de Mier, además de argumentar que pudo haberse extraviado el documento papal que lo secularizaba entre sus múltiples huidas. El propósito de Fernández de Lizardi era “que el público se desengañe y restituya en su buena opinión al padre Mier (no hablo sobre los motivos de su actual prisión, que ignoro) en cuanto a que está secularizado, no es fraile y, por tanto, es legítimo diputado”.10
En 1824, aparecieron traducidas del inglés al español las Memorias de la revolución de México y de la expedición del general D. Francisco Javier Mina, escritas por William Davis Robinson y publicadas en Filadelfia cuatro años antes. Esta es la primera obra sobre la independencia mexicana dirigida al público estadounidense, cuyo autor era un comerciante y traficante de armas que se unió a la insurgencia en abril de 1816 cuando se entrevistó con Guadalupe Victoria. Robinson fue encarcelado por el gobierno novohispano en San Juan de Ulúa, donde permaneció de febrero de 1817 hasta inicios del siguiente año, cuando fue enviado a España. En su estancia en prisión intentó fugarse para unirse a la expedición de Xavier Mina.11
En este pasaje Robinson menciona a fray Servando, de quien refiere una comisión que le encargó el guerrillero navarro de entrevistarse con Victoria. Robinson refiere que Mier “era hombre de buenos modales y aunque había recibido una educación puramente clerical, era liberal en sus sentimientos, no carecía de instrucción y se preciaba de ser un celoso defensor de la independencia de su país”. De igual forma, lo presenta como alguien tímido y no muy dispuesto a tomar parte “en los vaivenes de la revolución”.12
La tarde del lunes 3 de diciembre de 1827, Servando Teresa de Mier exhaló su último aliento en Palacio Nacional, donde residió sus años postreros; al día siguiente, su cuerpo fue enterrado en el convento de Santo Domingo de la ciudad de México. El periódico Águila
9 Hace referencia al folleto Defensa del P. Mier, firmado bajo el seudónimo de Guadalupe de los Remedios, impreso por Doña Herculana del Villar y Socios en 1822.
10 FERNÁNDEZ DE LIZARDI, José Joaquín, Defensa de los diputados presos y demás presos que no son diputados, en especial el padre Mier, México, Imprenta del Autor, 1822, https://www.iifilologicas.unam.mx/obralizardi/index.php?page=defensa-de-los-diputados-presos-y-demas- presos-que-no-son-diputados-en-especial-del-padre-mier
11 GUEDEA, Virginia, “William Davis Robinson”, en GUEDEA, Virginia, coord., Historiografía mexicana. Volumen
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El surgimiento de la historiografía nacional, México, UNAM-IIH, 1997, pp. 93-101.
12 ROBINSON, William Davis, Memorias de la revolución de México y de la expedición del general D. Francisco Javier Mina, trad. de José Joaquín de Mora, Londres, Imprenta de R. Ackerman, 1824, pp. 53-54.
Mexicana escribió: “Los escritos luminosos de este célebre patriota a favor de la independencia y libertad de la América, sus servicios personales por las mismas, sus padecimientos y otras mil circunstancias muy recomendables, lo hacen acreedor al reconocimiento de la nación y a que su muerte sea sentida por todos los mexicanos”.13 El periódico El Sol publicó: “Con el mayor sentimiento anunciamos la muerte del antiguo patriota Sr. D. Servando Teresa de Mier…”.14 Por su parte, Carlos María de Bustamante apuntó en su Diario histórico de México:
Esta tarde a las cinco y media ha expirado el señor doctor don Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, se mantuvo vestido, se paseaba cuando le daba lugar la horrible fatiga del pecho que lo atormentaba. Tres horas antes de expirar recobró su razón y se hizo aplicar una indulgencia plenaria que el Papa le había concedido cuando estuvo en Roma para la hora de la muerte... ¡Llore la nación tamaña pérdida!... ¡Apagóse la luz de México, faltóle el patriota por excelencia!15
Al día siguiente, Bustamante anotó sobre el entierro:
Esta tarde se ha sepultado en el sepulcro de los padres dominicos el cadáver del doctor Mier. Su funeral ha sido muy solemne y concurrido por sus verdaderos amigos y los pobres que han llorado la falta de un amigo tierno, de un padre compasivo, de un sabio popular, y de un patriota eminente. Presidió el duelo el general don Nicolás Bravo. Trátase de hacerle unas solemnes exequias en que predicará el doctor [José María Luis] Mora.16
El doctor Mora, por su parte, publicó una necrología de fray Servando en El Observador de la República Mexicana el 12 de diciembre de 1827, en donde afirma que Mier “[s]alió desterrado de su patria por haber procurado destruir, aunque no por el camino más acertado, el título más fuerte que en aquella época tenían los Españoles para la posesión de estos países, a saber la predicación del evangelio”. En la necrología se alaba su erudición y obras a favor de la independencia americana, ya fuera en sus escritos o en campañas militares, así como los sufrimientos que padeció durante su vida. Mora señala a Mier entre “las memorables prisiones de [1]822” ordenadas por Iturbide, y resalta que, como constituyente, “desempeñó este cargo con la integridad y honradez propias de su carácter, declarándose siempre por el partido sano, y combatiendo vigorosamente las ideas anárquicas que asomaban por primera vez”.17
13 “MÉJICO 4 de diciembre”, en Águila Mexicana, 4 de diciembre de 1827, p. 4.
14 “MÉXICO 4 de diciembre”, en El Sol, 4 de diciembre de 1827, p. 4.
15 BUSTAMANTE, Carlos María de, Diario histórico de México, 1822-1848, ed. electrónica de VÁZQUEZ, Josefina Zoraida, SILVA HERNÁNDEZ, Héctor Cuauhtémoc y LÓPEZ LÓPEZ, Aurelio, México, CIESAS, El Colegio de México, UAM-Azcapotzalco, 2020, 3 de diciembre de 1827. Puntos suspensivos en el original.
16 Ibidem, 4 de diciembre de 1827.
17 MORA, José María Luis, Obras completas, tomo II, París, Librería de Rosa, 1837, pp. 251-253.
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Un actor en el escenario historiográfico
Durante las primeras décadas del siglo XIX no hubo una atención particular a la vida de Mier. Los historiadores de la primera mitad de la centuria concibieron la indagación sobre el pasado como un medio para comprender mejor el turbulento presente que vivían, razón por la cual la escritura de la historia estaba enfocada en grandes procesos. En ese tenor, encontramos referencias al fray Servando en tres de las grandes obras históricas del periodo: el Ensayo histórico de las revoluciones en México de Lorenzo de Zavala, el Cuadro histórico de la Revolución Mexicana de Carlos María de Bustamante y la Historia de Méjico de Lucas Alamán.
Zavala menciona al padre Mier en tres momentos: cuando fue hecho prisionero en 1817 en Soto la Marina, cuando se fugó del fuerte de San Juan de Ulúa en julio de 1822 para tomar posesión como diputado constituyente y, por último, como diputado en 1823. Las valoraciones de Zavala son escuetas mas no precisamente laudatorias. En un primer momento, afirma que Mier era conocido por su sermón de 1794, al que calificó de “¡ridículo empeño, tanto quizá como el de persuadir el mentido milagro [de la aparición mariana]!”. Respecto a sus actividades en 1822, Zavala sitúa al religioso como conspirador republicano, por lo cual fue hecho prisionero en agosto, y afirma que su “actividad era igual a su facundia y osadía. Hablaba del emperador con tanto desacato, ponía tan en ridículo su gobierno, que el tolerarle hubiera sido un principio de destrucción más entre tantos como existían”. Por último, lo clasifica como centralista en el Constituyente de 1823-1824, sentenciando al fin que Mier merecía “ocupar lugar en la historia de un país en que han representado su papel con algún brillo”.18
Por su parte, Carlos María de Bustamante se refiere al dominico en el cuarto tomo de su Cuadro histórico de la Revolución Mexicana y en la continuación del mismo, la Historia del emperador D. Agustín de Iturbide. En el primero, Bustamante se refiere a la llegada de Mier como vicario de la expedición de Mina, además de ofrecer breves referencias de su vida entre 1817 y 1823. Bustamante destaca la personalidad del dominico, basado en W. D. Robinson, aunque disiente respecto a la falta de valor del fraile, presentándolo como un “hombre decidido, a su exaltado patriotismo, a sus costumbres inocentes […], a su sabiduría profunda reúne un valor a toda prueba que le hace desafiar los peligros”. De igual forma, incluye anécdotas del carácter de Mier,
18 ZAVALA, Lorenzo de, Ensayo histórico de las revoluciones de México, desde 1808 hasta 1830, tomo I, México, Imprenta de Manuel N. de la Vega, 1845, p. 72, 124, 138-141, 196.
como que llamara a su corcel “Apodaca”, como el entonces virrey, cuando se encontraba prisionero en San Juan de Ulúa.19
En la Historia del emperador, Mier es mencionado en diferentes instancias, como su aprehensión en agosto de 1822, su intento de fuga en enero de 1823 y, en especial, su labor en el segundo Congreso Constituyente, en el cual Bustamante también fue diputado. Ambos compartían una postura contraria a las tendencias federalistas y confederalistas, por lo que en el libro se aprecia una simpatía la mayoría del tiempo del autor con el ex dominico. De acuerdo con Bustamante, Mier fue recibido en el Congreso el 29 de marzo de 1823 “con vivas y prolongados palmoteos en las galerías, que veían en él una víctima de la revolución, […], a un hombre de bien, sincero, y a un verdadero israelita”.20
En la narración aparecen de nuevo anécdotas de la personalidad del docto regiomontano. Por ejemplo, al referir el resultado de la votación para desaparecer los mayorazgos, Mier “destapó de allí como un novillo bravo de toril, y aquí fue Troya”, lo que provocó hilaridad entre sus compañeros, quienes “tuvimos que reír y celebrar el candor del bendito P. Mier, que era un niño de setenta años, y como tal se conducía en muchas cosas”. Bustamante también resalta la postura política de Mier, particularmente el discurso del 11 de diciembre de 1823, el cual transcribió y calificó como “verdadera profecía política, cuyo cumplimiento dolorosamente hemos experimentado… y llorado”. Al igual que con W. D. Robinson, Bustamante refuta a Zavala, tanto en sus datos como en sus opiniones, aseverando que este último estaba “muy poco acostumbrado a tributar un homenaje de aprecio sino a lo que era conforme a sus ideas, y a no hallar nada bueno sino en lo que era obra suya”.21
Lucas Alamán, similar a Zavala, se refiere brevemente a la participación de Mier en la expedición de Mina, retomando lo dicho por Robinson sobre la falta de valor del fraile. De igual forma, menciona el apresamiento del ex dominico en 1822, cuando fue nombrado diputado por la “provincia de Monterrey”, acto que “dio nueva ocasión para que los insurgentes que estaban en el congreso, manifestasen el interés que tomaban por sus antiguos compañeros”. Otro
19 BUSTAMANTE, Carlos María de, Cuadro histórico de la Revolución Mexicana, tomo IV, México, Imprenta de J. Mariano Lara, 1844, pp. 364-365.
20 BUSTAMANTE, Carlos María de, Historia del Emperador D. Agustín de Iturbide hasta su muerte y sus consecuencias; y establecimiento de la República Federal Popular, México, Imprenta de I. Cumplido, 1846, pp. 6 y ss, 124.
21 Ibidem, pp. , 179, 200-216, 270-275, 60-61. Cursivas en el original.
episodio relatado fue el infructuoso intento de fuga del 1º de enero de 1823,22 así como la entrada de Mier en el congreso el 15 de julio de 1822, donde Alamán da cuenta del carisma del diputado entre la población y sus compañeros del Legislativo, así como lo mencionado por Bustamante entre su carácter aristócrata y su talante “popular”:
Era el padre Mier la mezcla más extraña de las más opuestas calidades: republicano decidido y enemigo de los monarcas, era por otra parte aristócrata por inclinación, y se suponía descendiente de Quauhtemotzin [sic] y emparentado con todas las familias más ilustres de Méjico, […]; pero este mismo carácter ligero y aún extravagante, lo hacía bien recibido en todas partes, y habiéndose declarado contra el imperio de Iturbide, el nuevo monarca no tenía enemigo más acérrimo ni que mayores daños le causase.23
En 1853, se publicó la Breve reseña histórica del general José María Tornel y Mendívil, que incluye una semblanza biográfica de Mier, con énfasis en su sermón de 1794 y las reacciones que provocó. Narra de manera sucinta su paso por Europa y aborda de manera tangencial su participación en la campaña de Mina; sin embargo, la atención se centra después de la independencia, destacando el republicanismo del ex dominico. Sobre la Profecía sobre la federación, Tornel menciona que era “un discurso lleno de elocuencia y de previsión contra el sistema federal aplicado a nuestras circunstancias”. Como balance, Tornel afirma que “por su patriotismo indomable, merece un lugar señalado en la historia. […] La patria le consagra una memoria honrosa porque la amó con entusiasmo, y la sirvió con la decisión más constante”.24
Al igual que otros historiadores, Tornel menciona el carácter de fray Servando, en esta ocasión, durante su vida en Palacio Nacional: “El presidente Victoria escuchaba con mucha paciencia sus impertinencias y le toleraba hasta algunos insultos, convencido de que la malicia que manifestaba, no era propia, sino transmitida por los que abusan de su candor de paloma”. Sin embargo, reconoció que “sus costumbres eran buenas, y aunque solía explicarse en términos ofensivos dañar a alguno jamás fue su intención”.25 En los últimos años de vida de Mier, Tornel
22 ALAMÁN, Lucas, Historia de Méjico, tomos IV y V, México, Imprenta de J. M. Lara, 1851-1852, t. IV, pp. 550-555;
t. V, pp. 509-510, 698.
23 Ibidem, t. V, pp. 643-645. Sobre el carácter aristocrático de Mier, véase Bustamante, Historia del emperador, op. cit., p. 177.
24 TORNEL Y MENDÍVIL, José María, Breve reseña histórica de los acontecimientos más notables de la nación mexicana, desde el año de 1821 hasta nuestros días, México, Imprenta de Cumplido, 1852, pp. 185-191.
25 Idem.
fue secretario particular del presidente Guadalupe Victoria, además de otros cargos, por lo que seguramente en más de una ocasión fue testigo de las actitudes de Mier.26
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Entre la biografía y la historiografía, entre lo nacional y lo regional
En 1861, un tal doctor Orellana, cuya identidad permanece incógnita, publicó inicialmente de manera anónima un libro sobre las momias que se encontraron en el convento de Santo Domingo en la ciudad de México, las cuales fueron descubiertas tras la orden de destruir el inmueble en el contexto de la Ley Lerdo. En el libro, ilustrado con litografías de los cuerpos conservados, aparece fray Servando con el número 2. La narración es breve y equilibrada en cuanto a las partes de la vida del biografiado, sin centrar su atención en algún momento particular, aunque con más detalle a sus aprehensiones y fugas que a aspectos políticos. El autor presenta a Mier como un decidido patriota, religioso y político estimado por toda la población. Como nota final, Orellana asegura que su cadáver se exhumó en 1842 y, gracias a su buen estado de conservación, fue colocado en el lado oriente del osario conventual.27
Durante la década de 1840, el género biográfico mexicano dio un viraje moderno, alejado del carácter laudatorio de la época colonial y con un tono mucho más crítico, en busca de una valoración equilibrada, si bien todavía guiada por el fragor de las luchas políticas. Carlos María de Bustamante, Lucas Alamán y Manuel Payno fueron los impulsores de esta nueva forma de hacer biografía.28
Payno, además de Orellano, fue de los primeros en hacer una biografía sobre el padre Mier. Basó parte de su trabajo en un escrito biográfico previo del neoleonés José Ángel Benavides;29 sin embargo, la novedad fue que “[s]on sus memorias inéditas las que estamos
26 VÁZQUEZ MANTECÓN, María del Carmen, La palabra del poder. Vida pública de José María Tornel, 1795-1853, México, UNAM, IIH, 2015, pp. 209-210.
27 DOCTOR ORELLANA, Apuntes biográficos de los trece religiosos dominicos que en estado de momias se hallaron en el osario de su Convento de Santo Domingo de esta capital, México, Imprenta de Inclán, 1861, pp. 12-18.
28 SOBERÓN MORA, op. cit., pp. 192-195.
29 No se ha podido localizar el escrito, publicado en los primeros números de la Revista de Nuevo León y Coahuila en 1863. Es necesario mencionar que dicha publicación, editada por Manuel García Rejón, fue de las primeras en presentar el pasado regional en el contexto de la lucha política encabezada por Santiago Vidaurri, con miras a una mayor independencia y autonomía de la entidad. En ese tenor debe entenderse la publicación de Benavides. ESPINOSA MARTÍNEZ, Edgar Iván, “La práctica historiográfica en Nuevo León. Una arqueología del conocimiento histórico regional, 1867-1996”, en Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales, Instituto Mora, núm. 68, 2007, p. 95.
dando a luz, quitándoles lo que hoy podría ser poco interesante o fastidioso al lector”. De esta manera, gran parte de la obra consiste en transcripciones largas y glosas de los textos autobiográficos. De acuerdo con Payno, dichos escritos, junto con cartas y otros documentos, fueron encontrados por Bernardo Copea, albacea de Mier, quien se los regaló a Bernardo Couto. Este, a su vez, proporcionó una copia de los mismos a Juan Rodríguez Puebla y, por último, el licenciado Emilio Pardo realizó la labor de reunir dichos documentos.30
Payno no plasma sus propias opiniones de manera recurrente; sin embargo, advierte en numerosas ocasiones que “no se le puede considerar” imparcial a Mier, lo cual pone de manifiesto de manera temprana la complejidad de su narrativa autobiográfica. El texto enfatiza un poco más en la participación del biografiado en la expedición de Mina en 1817, basándose en Bustamante, así como una representación que el fraile envió al virrey el 15 de junio de 1817. Respecto al primer Imperio, Payno se limita a decir que “[e]l doctor, que no se avenía con la servidumbre y las costumbres monárquicas, se declaró enemigo acérrimo de Iturbide como lo había sido de Fernando VII”, por lo cual fue hecho prisionero. El autor no aborda el papel de Mier como constituyente, si bien transcribió una larga misiva de éste a Miguel Ramos Arizpe, su amigo y adversario político. Para concluir, afirma que el biografiado, “sin carecer de defectos y flaquezas que son inherentes al hombre, fue el primero que promovió la Independencia y la Reforma, y esto no puede conocerse sino con el examen de sus escritos”.31
El Liceo Hidalgo, fundado en 1850 y reorganizado en 1872 tras el fin del caótico periodo de guerras intestinas e intervenciones, también fue espacio para comentar la vida y obra del padre Mier. En 1874, bajo la dirección de Francisco Pimentel, cada tres meses se llevaban a cabo veladas en honor a alguna personalidad de las letras nacionales, además de las reuniones semanales cada lunes.32 El lunes 9 de febrero de 1874, la velada fue en honor a fray Servando, en la cual participaron Laureana Wright de Kleinhans, Concepción Peña, Elena Castro y Manuel Rivera Cambas, este último con una biografía que hizo sobre el fraile, sobre la cual “la mayoría
30 PAYNO, Manuel, “Vida, aventuras, escritos y viajes del doctor D. Servando Teresa de Mier, precedidos de un ensayo histórico”, en ROSEN JÉLOMER, Boris, comp., Obras completas. XVIII. Bosquejos biográficos, México, CONCULTA, 2005, p. 296, 345.
31 Ibidem, pp. 341-348.
32 PERALES OJEDA, Alicia, “Liceo Hidalgo, El”, en Enciclopedia de la literatura en México, México, Fundación para las Letras Mexicanas, 2019, http://www.elem.mx/estgrp/datos/123 (consultada el 9 de octubre de 2024).
de la concurrencia ignoraba casi todas las noticias que el biógrafo nos dio, y en gracia de esa novedad pudo el público escuchar con agrado tan extenso escrito”.33
El escrito de Rivera Cambas es difícil de localizar en la actualidad;34 sin embargo, el periódico El Radical publicó el texto de Elena Castro. La autora presenta a Mier como alguien de “carácter independiente y atrevido” en una época “en que predominaban las más arraigas convicciones de sumisión absoluta”. El texto se centra en episodios específicos, como el sermón guadalupano, la relación de Mier con el papa Pío VII, su participación en la expedición de Mina y su posterior prisión. Sin mencionar nada sobre su participación política en la década de 1820, Castro retoma dos fuentes primarias: la defensa de fray Servando ante el virrey Apodaca, publicada poco antes en el boletín de la Sociedad de Geografía e Historia, así como una carta dirigida a Fray Pascual de Santa María, en la cual refrendaba sus ideas independentistas. La alocución de la autora finaliza con una excitativa al Congreso federal para inscribir el nombre del regiomontano con letras de oro.35
Entre 1877 y 1880, el historiador jalisciense Emilio del Castillo Negrete publicó en tres volúmenes la Galería de oradores de México en el siglo XIX, “fruto de algunos ocios dedicados al estudio de nuestros hombres más ilustres, considerados como oradores”. Del Castillo otorga una dimensión importante a la palabra hablada y escrita dentro de la lucha ideológica del siglo XIX, pues “los campeones de la palabra nos han legado en sus discusiones, repúblicas y controversias, monumentos inmortales de elocuencia”. A diferencia de otros autores, Del Castillo no se detiene en el aspecto político-biográfico, si bien ofrece un esbozo de la vida del orador, “tanto porque no son de todos conocidos, como porque estos harán formar un juicio más exacto de sus autores”.36
Quien inaugura la Galería es fray Servando, de quien el autor ofrece datos biográficos desde su nacimiento –incluida la partida de bautismo– y de su vida antes del sermón de 1794 que “le produjo persecución, prisiones y destierros y otra multitud de desgracias”. En el breve relato, el autor destaca la capacidad intelectual del fraile y sus dotes como orador. Los textos
33 PARIS, “Memorias”, en El Radical, 15 de febrero de 1874, p. 1.
34 Se sabe que se publicó como “Biografía del Sr. D. Servando Teresa de Mier, leída en el ‘Liceo Hidalgo’ la noche del 6 de febrero de 1874”.
35 “ACTUALIDADES”, en El Radical, 10 de febrero de 1874, pp. 2-3.
36 CASTILLO NEGRETE, Emilio del, Galería de oradores de México en el siglo XIX, tomo I, México, Tipografía de Santiago Sierra, 1877, pp. VII-XIV.
reproducidos son fragmentos de los discursos parlamentarios del 15 de julio de 1822 y el 11 de diciembre de 1823, así como una carta dirigida al historiador Juan Bautista Muñoz, referente al sermón guadalupano. En las “Observaciones”, Del Castillo retrata a Mier como pionero del republicanismo desde fines del siglo XVIII, y asienta que, pese a lo que proyectaban sus discursos, no era contrario a la instauración de un gobierno democrático, mas “solo deseaba ir gradualmente consolidándolo”. Posteriormente, discurrió en el análisis retórico de sus piezas.37
Mientras que la historiografía mexicana se centró en un discurso “integrador” del pasado nacional, en Nuevo León comenzó una dinámica historiográfica regional, particularmente en Monterrey, ciudad que comenzó a despuntar como centro neurálgico del noreste mexicano. En los primeros dos tercios del siglo XIX, una manera de difundir la historia regional, ligada a los intereses políticos, fue a través de las imprentas. De acuerdo con Édgar Iván Espinosa Martínez, podemos situar los prolegómenos de la historiografía neoleonesa entre 1867 y 1925, con José Eleuterio González como su impulsor, a través de su Colección de noticias y documentos para la historia del estado de Nuevo León de 1867.38 Gonzalitos, como se le conocía y recuerda con cariño, fue un médico, sabio, humanista, escritor, prócer, historiador, educador, editor, político y dos veces gobernador de Nuevo León, su estado adoptivo, amén de tener fama por su erudición y capacidad memorística.39 Nueve años después de su Colección de noticias, publicó la Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra.
La obra de González representa un hito entre los textos publicados sobre Mier, pues fue el primero en publicar de manera íntegra la Apología y la Relación de lo sucedido en Europa, parte conformante de las Memorias. González concibió su obra –y a la escritura de la historia, en particular las biografías– como una forma “amena, útil e instructiva” de conocer la vida de grandes hombres como “insignes ejemplos que seguir y peligros que evitar”. Otra de las innovaciones fue basar su investigación tanto en familiares del dominico que radicaban en Monterrey, así como a documentos de archivo,40 incluidas la Apología y la Relación, así como
37 Ibidem, pp. 15-49.
38 ESPINOSA MARTÍNEZ, op. cit., pp. 89-98.
39 BARRERA ENDERLE, Víctor, “‘Timbre de gloria’. José Eleuterio González: primer editor de las Memorias de fray Servando Teresa de Mier y forjador de un heterodoxo canon literario regional”, Zama. Revista del Instituto de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Buenos Aires-Instituto de Literatura Hispanoamericana, núm. 13, 2021,
pp. 143-145.
40 En el tomo IV de la obra completa de González, publicada en dos volúmenes, comprende la correspondencia de fray Servando con Juan Bautista Muñoz, cronista de Indias, en 1797. El segundo volumen consta de las “Cartas de un americano a un español”, escritas en 1811 y 1812. GONZÁLEZ, José Eleuterio, Obras completas, tomo IV, 2 vols.,
algunas misivas de la época de Mier como constituyente. Otro aspecto a destacar es la mención breve pero significativa del apoyo de fray Servando a las independencias hispanoamericanas, particularmente la venezolana, a propósito de su polémica con José María Blanco White.41
Fray Servando también aparece en la obra historiográfica cumbre del liberalismo mexicano, México a través de los siglos, en sus volúmenes III y IV, correspondientes a la guerra de Independencia y el México independiente respectivamente. En el primer tomo se refiere de forma sucinta la labor de Mier como publicista en Europa, bajo el seudónimo de Doctor Guerra, su rol en la expedición de Mina y su posterior encarcelamiento. Es de notar que Julio Zárate utilizó diferentes fuentes primarias, muchas de las cuales están contenidas en la Colección de documentos para la historia de la guerra de independencia de Juan E. Hernández y Dávalos, publicada en 1877.42
Por su parte, Juan de Dios Arias, quien redactó la parte del tomo IV donde se menciona a Mier, hace alusión a su participación en los dos congresos constituyentes (1822 y 1823-1824), sus aprehensiones y fugas en diferentes momentos, así como al discurso que pronunció en 1825 sobre la Encíclica de León XII respecto al apoyo de la Santa Sede a España. Al igual que autores previos, Arias menciona las muestras de simpatía y apoyo hacia Mier en las sesiones del Constituyente de 1823, y respecto a su deceso, comenta que “propiamente no fue un grande hombre, pero se hizo notable por su carácter rudo al par que entusiasta, su genio mordaz, su audacia y por la enemistad con que vio a Iturbide y a su gobierno”. Posteriormente dio una semblanza de su vida, apoyado en las impresiones de Tornel.43
En 1880, Ignacio Manuel Altamirano publicó un texto costumbrista sobre la fiesta de la Virgen de Guadalupe, en donde hace alusión al padre Mier, basado en autores como Gonzalitos, Hernández y Dávalos, Tornel, Orellana, Benavides, Rivera Cambas y Beristáin. Altamirano añade fragmentos de fuentes primarias, incluyendo los escritos autobiográficos de Mier, lo que resulta en un texto balanceado y ágil, presentando al regiomontano como un hombre inteligente,
Monterrey, Imprenta del Gobierno, 1887. En el contexto de las obras completas de Gonzalitos, se publicó una segunda edición de la Biografía de Mier en 1897.
41 GONZÁLEZ, José Eleuterio, Biografía del benemérito mexicano D. Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, Monterrey, Imprenta de la calle del Dr. Mier, 1876, pp. 3-4.
42 ZÁRATE, Julio, México a través de los siglos. Tomo III. La guerra de independencia. México, Barcelona, Ballescá y Compañía, Espasa y Compañía, 1884, pp. 350, 558 y ss, 575-577.
43 ARIAS, Juan de Dios, México a través de los siglos. Tomo IV. México independiente, 1821-1855, México, Barcelona, Ballescá y Compañía, Espasa y Compañía, 1884, pp. 54, 66, 82, 87, 93, 139, 167-169.
patriótico, “más bravo que el hombre de espada”, que siempre “progresaba” en sus ideas políticas y, a causa de esto, víctima de persecuciones y prisiones. Además, destaca la crítica literaria sobre las Memorias, que Altamirano califica de “estilo picante, epigramático y por sus descripciones, llenas de variedad y contenido”.44
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Del ejemplo nacional a la irrupción universal
A fines del siglo XIX, la vida de Mier adquirió tintes pedagógicos. Ejemplo de esto es la obra del periodista Aurelio Horta, quien publicó en 1888 una breve biografía del fraile en Mexicanos ilustres, obra destinada a la instrucción primaria que contiene los “rasgos más notables de las vidas de nuestros hombres ilustres”, con el propósito de ser una introducción al posterior estudio de obras historiográficas como las de Alamán o W. H. Prescott. En este caso, Horta se limitó a transcribir pasajes del texto de Altamirano.45
Francisco Pimentel, conocido por sus trabajos lingüísticos, económicos e históricos sobre los pueblos y lenguas indígenas de México, también impulsó el estudio de la literatura nacional, con su Historia crítica de la literatura y de las ciencias en México, la cual quedó inconclusa por su fallecimiento en 1893. En 1904, se publicó de manera póstuma la parte sobre narrativa, bajo el título de Novelistas y oradores mexicanos.46 Aquí encontramos una referencia al padre Mier, en el capítulo de oratoria parlamentaria, junto con Miguel Guridi y Alcocer, Miguel Ramos Arizpe, entre otros. En la semblanza, de extensión escueta, Pimentel recupera impresiones de historiadores como Zavala y Mora. En el examen de su producción retórica, Pimentel lo califica como “buen orador político”, pese a la presencia excesiva de citas latinas y “frases llanas”. La obra contiene fragmentos de los discursos del 15 de julio de 1822 y del 11 de diciembre de 1823, al igual que Del Castillo Negrete.47
En la Antología del Centenario de 1910, cuya dirección general recayó en Justo Sierra, se hace mención a fray Servando. La semblanza es equilibrada, salvo en la recta final de la vida del
44 ALTAMIRANO, Ignacio Manuel, “La fiesta de Guadalupe,” en BLANCO, José Joaquín Blanco, ed. y pról.,
Ignacio Manuel Altamirano. Obras Completas V. Textos costumbristas, México, CONACULTA, TSJDF, 2011, pp. 198-216.
45 HORTA, Aurelio, Mexicanos ilustres. Bosquejos biográficos para el uso de establecimientos de instrucción pública, México, Imprenta de “El hijo del trabajo”, 1888, pp. 3-4.
46 GARZA CUARÓN, Beatriz, “Francisco Pimentel, precursor de las historias de la literatura nacional”, en Nueva Revista de Filología Hispánica, El Colegio de México, vol. 38, núm. 1, 1990, pp. 617-618.
47 PIMENTEL, Francisco, “Novelistas y oradores mexicanos”, en Obras completas, México, Tipografía Económica, 1904, t. V, pp. 462-469.
fraile, y la narración es ágil gracias a las anécdotas que permiten una empatía con el personaje, como los grilletes que se le impusieron cuando fue capturado en 1817. Se le presenta como un hombre de espíritu rebelde y un decidido luchador por la independencia mexicana desde Europa. En cuanto a su postura política, se menciona que “[r]eelecto para el Congreso Constituyente, trabajó porque se adoptara un gobierno que conviniera a la Nación, sin que fuera un paso brusco de la más absoluta monarquía a la libertad”.48 En la edición se publicaron los capítulos I, IV y V de la Relación de lo que sucedió en Europa.
En ese mismo año, el periodista e historiador Alejandro Villaseñor y Villaseñor publicó una semblanza de Mier en el segundo tomo de las Biografías de los héroes y caudillos de la Independencia, que inicia de esta forma: “Pocos sacerdotes de los que de algún momento colaboraron en la obra de nuestra Independencia han adquirido la celebridad que el religioso que va a ser objeto de esta biografía”. El texto es breve y bien equilibrado en sus partes, sin énfasis excesivos en determinados pasajes. Recupera episodios anecdóticos que permiten una lectura menos tediosa, sin llegar a cargar de adjetivos que provoquen una reacción más emocional por parte del lector.49
En 1914, la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, bajo la dirección provisional de Félix Palavicini, publicó Diez civiles notables de la historia patria, “[p]ues en la Historia de México, existen bellos tipos representativos de hombres notables por sus obras como civiles y ellos merecen ser conocidos por la juventud mexicana”. El primero de estos personajes es fray Servando, cuya biografía fue escrita por Ana María Valverde de Gómez Mayorga, profesora de la Escuela Normal Primaria para Maestras, con una carrera magisterial de casi 20 años en ese entonces.50 La autora se basó en parte de la autobiografía, como la denomina, del regiomontano. El estilo es ligero, lleno de adjetivos y anécdotas, lo que permite una lectura ágil que tienda hacia un estilo más literario que académico-rígido.
A lo largo del texto subyace la idea del carácter de niño del fraile, bondadoso y libre de maldad, como una característica positiva: “Sentimental y amoroso, se encariñaba como él mismo refiere, con los gatitos, con los animalitos más insignificantes, con las arañitas, las hormiguitas
48 GONZAGA URBINA, Luis, HENRÍQUEZ UREÑA, Pedro y RANGEL, Antonio, Antología del Centenario. Primera parte (1800-1821), tomo I, vol. 2, México, Imprenta de Manuel León Sánchez, 1910, pp. 417-425.
49 VILLASEÑOR Y VILLASEÑOR, Alejandro, Biografías de los héroes y caudillos de la Independencia, tomo II, México, Imprenta de “El Tiempo”, 1910, pp. 279-283.
50 En las décadas siguientes, Ana María Valverde se volcó a la producción literaria. VARGAS ROMERO, Erika Liliana, “La narrativa de Ana de Gómez Mayorga: un espacio de intersección en la literatura fantástica”, Tesis de Maestría en Literatura Mexicana Contemporánea, México, UAM-Azcapotzalco, 2019, pp. 14.
de sus prisiones: todo ser viviente le merecía el más profundo respeto. Noble, nobilísimo, más que por lo elevado de su alcurnia, por lo elevado y puro de sus sentimientos”. Sin embargo, también se refleja el hombre que, desde joven, luchó por la libertad y por eso fue víctima de mil atropellos. En el aspecto político, lo define como decidido republicano y centralista.51
Otro hito en la producción de obras sobre fray Servando fue la edición de las Memorias que Alfonso Reyes, en 1917, publicó en la Biblioteca Ayacucho de Editorial América.52 Reyes se basó en los trabajos de González y Rangel en la Antología del Centenario, y si bien su semblanza biográfica es similar a la de esos autores, destaca por poner mayor énfasis en la actividad intelectual de Mier en Europa, como la fundación en París de una academia de español en asociación con Simón Rodríguez, así como la comunicación con José María Blanco White. De igual forma, recupera algunos pasajes de las obras de Robinson y Tornel, este último a través de lo citado en México a través de los siglos. Como síntesis de la vida de su coterráneo, Reyes expresa que Mier era de “estos hombres simbólicos […], en quienes –de una u otra forma–, se opera la crisis de las nuevas ideas, escriben siempre apologías de su vida, y mueren con la implacable angustia de no haber sido bien comprendido”. Por otro lado, fue de los primeros en mencionar que Mier era partidario de “un gobierno republicano central, o al menos de federalismo templado”.53
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Las mil faces del fraile
A partir de 1933 y durante cuatro décadas, las obras en torno a fray Servando se diversificaron. Los motivos por los cuáles se publicaban libros en torno al doctor Mier fueron múltiples, así como los abordajes, desde el rigor académico hasta las licencias literarias. En este apartado, en lugar de presentar las obras en orden cronológico, se agruparan en secciones temáticas. En el apartado sobre textos académicos, solo se enuncian algunos de los libros, compilaciones y
51 VALVERDE DE GÓMEZ MAYORGA, Ana María, “Fray Servando Teresa de Mier”, en Diez civiles notables de la historia patria, México, Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1914, pp. 8-20.
52 Dicha editorial se estableció en España y era dirigida por el venezolano Rufino Blanco Fombona. La colección Biblioteca Ayacucho se conformó en su mayoría por obras y memorias de próceres latinoamericanos del siglo XIX, como José de San Martín, Daniel Florencio O’Leary, entre otros. CASTELLANOS, Rafael Ramón, “Rufino Blanco Fombona y la Editorial América”, en Boletín de la Academia Nacional de la Historia (Caracas), Academia Nacional de la Historia de Venezuela, vol. 65, núm. 257, 1982, pp. 159-162.
53 REYES, Alfonso, ed., Memorias de fray Servando Teresa de Mier, del convento de Santo Domingo, de México, diputado al primer Congreso Constituyente de la República Mexicana, Madrid, Editorial América, 1917, pp. VII-X.
artículos que se publicaron durante la primera mitad del siglo XIX, tanto en México como en el extranjero.
Una vida de novela
En 1933, el cronista Artemio del Valle Arizpe escribió Fray Servando, una biografía novelada sobre el dominico que escribió para ingresar a la Academia Mexicana de la Lengua. Se publicó por entregas en El Universal, y fue en 1951 cuando se publicó en un solo tomo bajo el sello de Espasa- Calpe. Dentro de la dilatada bibliografía sobre Mier, es el primer libro de carácter literario. 54 La obra, en sí misma una glosa de las Memorias del padre Mier, es de estilo ligero, con varias descripciones de los diferentes espacios donde transitó el protagonista. En ciertas ocasiones, Del Valle-Arizpe transcribe fragmentos de textos y cartas de fray Servando, como la que dirigió a Agustín Pomposo Fernández de 1817. El libro no tiene mayores pretensiones que las de presentar la vida del regiomontano en un volumen mucho más sucinto que las ediciones de las Memorias. En ese sentido, la biografía de Del Valle-Arizpe es simple, pero no por eso de mala calidad; al contrario, de manera afable y ágil presenta a los lectores una visión concisa e interesante de la vida del fraile, con menciones breves a su obra y pensamiento.55
En 1941, Eduardo de Ontañón, escritor español exiliado en México, publicó la novela Desasosiegos de fray Servando. Al igual que Del Valle-Arizpe, De Ontañón se basó en buena medida en las obras autobiográficas de Mier, así como en autores como Alamán y Tornel. La narración se presta un poco más a la licencia literaria, aunque los diálogos, en especial los del regiomontano, son citas de él mismo. Si bien la obra narra toda la vida del doctor Mier, la primera parte de su trayectoria vital, durante su estancia en el convento de Santo Domingo hasta su primera prisión en España, ocupan aproximadamente un tercio de la obra, a diferencia del resto. Entre las novedades de la obra de De Ontañón, se encuentra un capítulo donde transcribió algunas misivas que dirigió Mier al Ayuntamiento de Monterrey en 1823, lo que en cierta manera sirve para mostrar otra faceta poco reflexionada sobre su obra y “cuya sola copia compondría la más curiosa y atrabiliaria historia de una vida”.56
54 DOMÍNGUEZ MICHAEL, Christopher, “Prólogo. Don Artemio y fray Servando”, en VALLE ARIZPE, Artemio del, Fray Servando, México, Lectorum, 2009, p. 21.
55 VALLE ARIZPE, Artemio del, Fray Servando, México, Lectorum, 2009.
56 ONTAÑÓN, Eduardo de, Desasosiegos de fray Servando, México, Ediciones Xóchitl, 1941, p. 150.
El capítulo final es un supuesto encuentro del autor con la aparición fantasmagórica del biografiado, quien le reclama airado por la manera en que lo retrata: “Unos dicen de mí que fui un héroe y padre de la patria; otros, que un pícaro; algunos que un semichiflado… ¡Ahora salimos con que tipo de novela! ¿En qué quedamos?”57 Más allá del aspecto jocoso de la cita, sirve para mostrar cómo la figura de Mier había sido, si no controversial, al menos multifacética a más de cien años de su muerte, y que empezaba a tener un acercamiento novelado, relativamente menos riguroso a la aproximación histórica.
En 1966, el escritor cubano Reinaldo Arenas escribió El mundo alucinante (una novela de aventuras), biografía imaginaria del padre Mier entrecruzada con picaresca. La obra supuso para su autor la fama internacional, al igual que la censura en su propio país y el ostracismo. Arenas se interesó por primera vez por fray Servando a partir de una antología de la literatura mexicana. Para conocer más sobre el personaje, se basó en una edición de las Memorias, muy probablemente, de solo un tomo que contenía la Apología y la Relación, así como en los trabajos de Del Valle Arizpe y de José Lezama Lima. El propio Arenas declaró que la historia de Mier “debía ser escrita en forma alucinada, delirante, llena de aventuras, de terrores, y especialmente de mucho optimismo y hasta de locura”.58
La novela narra la vida de fray Servando en las tres personas del singular gramatical (yo, tú, él), y se aleja de una pretensión de rigor histórico, contraponiéndose al realismo socialista cubano.59 Arenas presenta a un protagonista víctima de las arbitrariedades e injusticias de los poderosos desde la infancia, razón por la que debe estar en constante movimiento forzoso. En la novela se intercalan fragmentos de las Memorias del regiomontano, aunque mucho es invención y alucinación. El autor poco se preocupa por las figuras históricas que menciona en la novela (Lucas Alamán, Simón Rodríguez, José María Blanco, White, Agustín de Iturbide, etc.), pues aparecen como meros personajes secundarios. Una constante es la ridiculización de las figuras de autoridad, cualesquiera que éstas sean: religiosos, monarcas o presidentes.60 Un ejemplo de lo anterior es el siguiente pasaje, cuando refiere la vida de fray Servando en Palacio Nacional:
57 Ibidem, p. 182.
58 SANTÍ, Enrico Mario, “Introducción”, en ARENAS, Reinaldo, El mundo alucinante (una novela de aventuras), Madrid, Cátedra, 2017, pp. 17-35.
59 ARENAS, Reinaldo, El mundo alucinante (una novela de aventuras), Madrid, Cátedra, 2017, p. 88.
60 Esto se traslada mucho a la proyección del mismo Arenas, quien fuese perseguido por el gobierno cubano, lo que finalmente lo llevó al exilio durante el Éxodo del Mariel. En ese sentido, también se advierte una constante ironía
Hace varios días, el Señor Presidente, que caminaba muy orondo mientras bebía la sangre de un águila que él mismo había descuartizado, estuvo a punto de desaparecer con su señora esposa y su séquito más íntimo cuando una de las altas cúpulas se desprendió con toda su orfebrería y, rozándole las orejas, cayó sobre sus súbditos. Por suerte para la República, sólo perecieron treinta y siete generales (partidarios de Santa Anna, según dicen) y un centenar de criollos, fieles al Presidente que venían a su lado haciendo reverencias.61
Para los fines de este artículo, más allá de la crítica literaria, la novela de Arenas no solo no tiene interés en hacer una reconstrucción relativamente verosímil de la vida de fray Servando, sino todo lo contrario. Mier se había convertido en un símbolo de la lucha por la libertad y la resistencia contra la tiranía, aspecto que fascinó sin lugar a dudas a Arenas, pues como él mismo expresó: “No obstante, la acumulación de datos sobre tu vida [interpelando al biografiado] ha sido bastante voluminosa; pero lo que más útil me ha resultado para llegar a conocerte y amarte […] fue descubrir que tú y yo somos la misma persona”.62
La personalidad irresistible
El escritor Alfredo Maillefert publicó en 1936 el folleto Fray Servando Teresa de Mier. Oriundo de Michoacán, trabajó gran parte de su vida como profesor de francés y de literatura, también como editor y redactor de periódicos en su juventud. Además de esta breve biografía del fraile, Maillefert publicó semblanzas de Vasco de Quiroga y del doctor Miguel Silva.63 El relato, publicado como parte de la serie Biografías Populares de la Universidad Nacional,64 es un folleto sobre el dominico, lleno de episodios anecdóticos, con énfasis en la estancia de Mier en Europa.65
Santiago Roel publicó en 1942 un folleto titulado Breves rasgos biográficos de Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, impreso por la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía e Historia. El documento, de menos de diez páginas, es un panorama de la vida del fraile. Destaca
con el trabajo de Alejo Carpentier, quien fuera uno de los jurados que dictaminó la primera versión de El mundo alucinante en 1966, y quien no le otorgó el primer premio a Arenas. Santí, op. cit., pp. 43-52.
61 Arenas, op. cit., p. 288.
62 Ibidem, p. 83.
63 ARREOLA CORTÉS, Raúl, “La obra de Alfredo Maillefert y José Rubén Romero”, en Humanitas. Anuario del Centro de Estudios Humanísticos, UANL-Centro de Estudios Humanísticos, núm. 8, 1967, pp. 299-300.
64 Dicha serie fue un esfuerzo del Departamento de Acción Social de la Universidad Nacional de difundir de manera gratuita las vidas de grandes personajes hasta los lugares más recónditos del país, teniendo, de acuerdo con ellos, una gran aceptación del público. “BIOGRAFÍAS populares”, en Revista de la Universidad, UNAM, núm. 7, agosto, 1936, p. 33.
65 MAILLEFERT, Alfredo, Fray Servando Teresa de Mier, México, Universidad Nacional-Departamento de Acción Social, 1938.
que su autor, presidente de la rama de Historia de dicha sociedad y uno de los más prolíficos historiadores neoleoneses, aseveró que el pensamiento político de Mier, a propósito de su discurso parlamentario de 1823, propugnaba por “una organización entre federal y centralista, sin tocar ninguno de los dos extremos, pues era peligrosísimo pasar del régimen monárquico absoluto al democrática y federal”.66
En 1944, como parte de la Biblioteca Enciclopédica Popular de la Secretaría de Educación Pública, el historiador y ex revolucionario Vito Alessio Robles publicó El pensamiento del padre Mier, un folleto con apuntes biográficos y una selección de fragmentos de las Memorias. En la primera parte, Robles ofrece una semblanza de la vida de Mier, apuntando que, hasta entonces, el texto de la Apología se hallaba en la Biblioteca Lafragua de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, y que existían todavía ciertas lagunas sobre los escritos autobiográficos del fraile entre 1805 hasta su muerte. El autor pone cierto énfasis en las actividades de Mier a partir de 1817, cuando acompañó la expedición de Xavier Mina, su estancia en San Juan de Ulúa, su oposición a Iturbide y la defensa que hizo del centralismo.67 En cuanto a los fragmentos reproducidos, incluyen pasajes del inicio de la Apología, el proceso en su contra por el sermón guadalupano, su prisión y estancia en Madrid y su posterior fuga a Portugal; realiza un salto hasta 1822, donde reproduce el discurso de Mier ante el Constituyente en ese mismo año, la Profecía sobre la federación y algunos versos satíricos suyos.
En 1965, la Secretaría de Educación Pública publicó La fantástica realidad de Fray Servando, del escritor michoacano Marco Antonio Millán, quien también era promotor cultural, crítico literario y coordinador de asuntos culturales de dicha secretaría, así como uno de los fundadores, en 1964, de la Asociación de Escritores de México.68 El propósito del autor es muy claro: más allá de los atributos cívico-heroicos, se centra en las “curiosas notas de su acentuada personalidad, extrañas características suyas de afligida gracia quijotesca, de esforzado talante servicial y estoica disposición humorística, que encendieron la sorpresa y la admiración de mucha gente dentro y fuera de nuestro territorio…”. Millán adelantaba que su biografía “renuncia
66 ROEL, Santiago, Rasgos biográficos de Fray Servando Teresa de Mier Noriega y Guerra, Monterrey, Publicaciones de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía e Historia, 1942, p. 11.
67 ROBLES, Vito Alessio, El pensamiento del padre Mier, México, SEP, 1944, p. XIII.
68 OCAMPO, Aurora M. y Laura NAVARRETE MAYA, “Marco Antonio Millán”, en Diccionario de escritores mexicanos del siglo XX, México, UNAM-IIFL, 2019, https://www.iifilologicas.unam.mx/dem/dem_m/millan_marco_antonio.html#
previa[mente] a la mesura crítica, puesto que la figura en análisis estremece nuestros sentimientos y solo nos permite reconstruir su trazo con arrebatada simpatía desbordante”.69
La narrativa es ágil y envolvente, inicia con el sermón guadalupano de 1794, y se centra en las andanzas en la vida del padre Mier, dejando en segundo plano sus opiniones políticas. Por ejemplo, al final de la obra, lo menciona como un decidido centralista, pero al referir el discurso parlamentario de diciembre de 1823, Millán enfatiza que “[e]ntre argumento y argumento, [Mier] todavía encuentra oportunidad para hablar mucho y muy interesante de sí mismo”.70 El libro- folleto incluye varios grabados, lo que ayuda al lector a formar una imagen mental mucho más viva sobre la vida del fraile. Asimismo, al final se encuentra un fragmento de un poema que Mier escribió al ministro Jovellanos durante su defensa, así como un fragmento de la Profecía sobre la federación.
Otro de los autores que más interés tuvo en el fraile regiomontano fue su coterráneo Alfonso Junco. Escritor y periodista, Junco se caracterizó en su faceta no literaria como un defensor a ultranza del catolicismo y férreo crítico del comunismo y todo lo que consideraba relacionado, como los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana, en particular el del general Lázaro Cárdenas y los republicanos españoles.71 Junco escribió El increíble Fray Servando. Psicología y epistolario, con “ánimo de entenderlo”, no para defenderlo ni atacarlo; sin embargo, desde los primeros párrafos el autor no escatima en frases y adjetivos poco favorecedores, tales como “fosforescentes chifladuras”, “disparates calenturientos” y “oportunista”, al tiempo que sugiere que “fray Servando es todo un caso psicológico. Muy en serio, resulta imposible. Risueñamente hay que tomarlo –y disfrutarlo– como era”. El libro es la compilación, por una parte, de artículos publicados por Junco en diferentes años en torno a Mier y, por otra parte, correspondencia del dominico.72
Sobre esta línea, Junco elaboró el perfil “psicológico” de Mier, donde en 14 secciones divididas en dos partes contrasta las vivencias de su coterráneo con otras fuentes para desacreditar al dominico, si bien acepta que “este problemático ingenuo tenía sus malicias, así
69 MILLÁN, Marco Antonio, La fantástica realidad de Fray Servando, México, SEP, 1965, pp. 8-9.
70 Ibidem, pp. 32-34.
71 SOLA AYAPE, Carlos, “El escritor Alfonso Junco o el perfil ideológico de un franquista mexicano”, en En-claves del pensamiento, ITESM, núm. 15, 2014, pp173-175.
72 JUNCO, Alfonso, El increíble Fray Servando. Psicología y epistolario, México, Editorial Jus, 1959, pp. 5-15. Cursivas en el original.
este incuestionable semichiflado tenía sus sensateces”. Junco le adjudica cordura a Mier cuando llegó a concordar, según él, con Iturbide, a propósito de una misiva de Mier a fray Pascual de Jesús María, el 25 de mayo de 1817. De acuerdo con el autor, “los biógrafos y comentadores del doctor Mier han solido creerle, sin sujetar a crítica y compulsa todas sus egolátricas fantasías; y está aún por escribirse la verdadera biografía del dinámico fraile. Urge que quienes prepararan trabajos sobre él, no nos den ya novela, sino historia. Historia, eso sí, con fuera y vida y plasticidad de novela”.73 La obra de Junco, pese al dominio de fuentes primarias y secundarias, y en contraste con su propósito de un abordaje “objetivo”, responde más a su ideología conservadora que a un análisis imparcial.
El interés académico
El escritor cubano José Lezama Lima menciona a fray Servando en su conferencia “El romanticismo y el hecho americano”, que después formaría parte del libro La expresión americana publicado en 1957. Basado mayormente en las Memorias, solo se menciona a Mier en 10 párrafos complejos y llamativos. Lezama Lima habla sobre las tensiones en América entre la Iglesia y el poder central, lo que llevó “al clero católico, en la Argentina y México, al separatismo, tratando de unir las esencias espirituales de la nación con las esencias evangélicas”. Sobre el sermón guadalupano, Lezama Lima asume que “[h]abía una tácita protesta antihispánica en su colonización”, lo que desvalorizó la influencia española mediante el espíritu evangélico. El pensador ve en la vida de fray Servando la transición del barroco al romanticismo, y como primera señal americana “ha convertido […] al enemigo en auxiliar”:
Fray Servando es el primero que se decide a ser el perseguido, porque ha intuido que otro paisaje naciente, viene en su búsqueda, el que ya no contaba con el gran arco que unía el barroco hispánico y su enriquecimiento con el barroco americano, sino el que intuye la opulencia de un nuevo destino […], que surge de las libertades de su propio paisaje, liberado ya del compromiso con un diálogo mantenido con un espectador que era una sombra.74
El escritor nicaragüense Ernesto Mejía Sánchez también mostró interés por Mier, en el contexto de su indagación sobre fray Bartolomé de las Casas y las disputas que sostuvieron el fraile
73 Ibidem, pp. 31-32, 22.
74 Ibidem, pp. 63-67.
dominico y el obispo Henri Grégoire contra quienes consideraban a Las Casas como promotor de la esclavitud en América. El artículo de Mejía Sánchez es de carácter histórico-bibliográfico, por lo que no emite ninguna opinión sobre la vida y obra del dominico; empero, a través de la reconstrucción de un Discurso o Apología que escribió Mier sobre Las Casas a inicios del siglo XIX, que también fue publicado como parte del artículo, se reconstruye una parte del pensamiento de Mier que hasta entonces no había sido estudiado de manera precisa.75
En 1943, el poeta e historiador catalán José María Miquel i Vergés publicó el artículo “Aspectos de las andanzas del padre Mier”, donde se aprecia un carácter académico en torno a la vida del fraile, centrado en una dimensión de su vida (las fugas), con un lenguaje alejado de cualquier viso nacionalista. Comienza con un cotejo de las Memorias de fray Servando con obras secundarias (particularmente, sobre la estadía de Mier en Cataluña); al mismo tiempo, descuella el interés por materiales inéditos del propio fray Servando, con el fin de aliviar la laguna de conocimiento sobre cierto periodo de su vida.76
Un año después, Miquel i Vergés y Hugo Díaz-Thomé publicaron una serie de escritos inéditos del padre Mier, entre los que sobresale la “Exposición de la persecución que ha padecido desde 14 de junio de 1817 hasta el presente de 1822…”, que actualmente forma parte de las Memorias. En la introducción, los autores dan cuenta, por una parte, de las dificultades que supusieron la búsqueda y edición de tales textos; por otra parte, en la introducción del volumen los autores llaman la atención sobre la necesidad de revisar “la historia de América del ochocientos en que las apreciaciones críticas maticen el ditirambo patriótico, revivan el recuerdo de lo olvidado y analicen los aspectos desconocidos de tantas y tantas figuras como creara el siglo XIX americano”.77 En ese tenor, el trabajo recupera bastante del artículo publicado por Miquel i Vergés un año antes.
Un año después, Edmundo O’Gorman escribió el prólogo de un nuevo volumen de escritos y memorias del dominico. El autor llama la atención sobre la falta de estudios dedicados al ideario político del religioso y su participación como constituyente, ante la predilección,
75 MEJÍA SÁNCHEZ, Ernesto, “Mier: defensor de Las Casas”, en Boletín de la Biblioteca Nacional, UNAM-Biblioteca Nacional, núm. 3-4, 1963, pp. 57-84.
76 MIQUEL I VERGÉS, José María, “Las andanzas de fray Servando”, en Cuadernos americanos, núm. 5, septiembre- octubre, 1943, pp. 143-165.
77 MIQUEL I VERGÉS, José María y DÍAZ-THOMÉ, Hugo, selec., Fray Servando Teresa de Mier. Escritos inéditos, México, El Colegio de México, 1944, p. 13.
iniciada por el fraile mismo, de su vida y aventuras, las cuales califica como “expresiones de engreimiento e insufrible vanidad”.78 Una novedad es que presenta un análisis historiográfico de la Historia de la Revolución de la Nueva España, en la cual el autor sostiene que la postura de Mier en dicha obra se puede calificar como “americana”.79 Posteriormente, O’Gorman analiza el ideario político del padre Mier en tres momentos: el proceso independentista, el “intermedio imperial” y la “república pocha”, el cual constituye el primer esfuerzo académico por comprender a cabalidad el pensamiento político del fraile, con un enfoque que también incluyó a Hispanoamérica.
La compilación se basó en las Cartas de un americano, Historia de la Revolución de la Nueva España, el Manifiesto apologético, los escritos ¿Puede ser libre la Nueva España?, Nos prometieron constituciones, Acaba de llegar de Filadelfia (los últimos cuatro publicados el año anterior por Miquel i Vergés y Díaz-Thomé), así como la Memoria político-instructiva. La selección de textos fue concebida por O'Gorman como un apéndice del estudio previo y no al revés, para evitar “una carga demasiado pesada de notas, que siempre afean y entorpecen la lectura”. La edición final sistematiza “las opiniones recogidas [de Mier] siguiendo el orden establecido en diez rubros clasificadores que, en términos generales, indican los grandes temas en torno a la independencia y a la estructuración constitucional de las antiguas colonias españolas de América una vez consumada su emancipación”.80
En 1948, la historiadora y archivera estadounidense Nettie Lee Benson publicó un artículo titulado “Fray Servando Teresa de Mier, Federalist”. El texto refuta las ya conocidas interpretaciones sobre el supuesto centralismo del ex dominico, a partir de un análisis tanto de su actividad legislativa en 1823, así como de su famoso discurso parlamentario de diciembre de ese mismo año. El artículo es directo al demostrar las posturas pro federación de fray Servando, y sus divergencias respecto a otros políticos del mismo signo, como Miguel Ramos Arizpe. De igual manera, es de advertir que pasaron 37 años entre su publicación en inglés y la traducción en español. 81
78 O’GORMAN, Edmundo, selec., Fray Servando Teresa de Mier. Escritos y memorias, México, UNAM, 1945, pp. VII-VIII.
79 Ibidem, p. XVI.
80 Ibidem, p. 4.
81 BENSON, Nettie Lee, “‘Fray Servando Teresa de Mier, federalista”, trad. de Lilia Granillo Vázquez, en Secuencia. Revista de historia e interdisciplina, Instituto Mora, núm. 3, 1985, pp. 158-159.
En 1964, el abogado y sociólogo Juan Pablo García Álvarez, exiliado español y masón que llegó a México en 1940,82 leyó el texto titulado La compleja personalidad del padre Mier: algunos aspectos poco conocidos para ingresar a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. En ese año la institución imprimió y publicó la obra en dos ediciones, con un tiraje total de 15,000 ejemplares. García Álvarez se enfocó en el pensamiento de Mier respecto a los españoles, la Inquisición, la masonería, los jesuitas y Agustín de Iturbide, aspectos que se pueden resumir en la siguiente frase: “[e]s triste y penoso para un español de nacimiento como yo, tener que reconocer que el lamentable retrato de España y de los españoles que el padre Mier pintó en sus Memorias, y del que acabo de leer nada más que un pequeño, casi minúsculo, extracto, es apenas una ligera visión de la realidad”.83
García Álvarez se basó en una glosa de las Memorias del fraile, apoyado de otros documentos, con un buen aparato crítico. Como aspecto a destacar, incluye una carta hasta entonces inédita, que Mier escribió a Agustín Pomposo Fernández de San Salvador, el 12 de noviembre de 1809, cuando aquel se encontraba con el 1° Batallón de Voluntarios de Valencia en Espinelves, Cataluña. La carta se publicó originalmente en el Diario de México el 10 de febrero de 1810. El discurso de García Álvarez no pasó desapercibido, pues fue reseñado por algunos de los periódicos más importantes del país, tales como Excélsior, El Nacional, El Porvenir y Norte.84
En 1968, el historiador estadounidense John V. Lombardi publicó The political Ideology of fray Servando Teresa de Mier. Propagandist for Independence, editado por el Centro Intercultural de Documentación, el cual fue fundado en Cuernavaca a mediados de la década de 1960 por el pensador austriaco Ivan Illich. El CIDOC “fue un epicentro de comunidades de pensamiento crítico para el intercambio de obras, autores y prácticas; que reunió actores de su tiempo para estudiar y debatir acerca de los distintos sistemas sociales, políticos y culturales de larga tradición, que estaban siendo cuestionados desde un gran espectro de posiciones”.85
82 REGISTRO de Autoridades, “Persona-García Álvarez, Juan Pablo”, Portal de Archivos Españoles (PARES), s. f., http://pares.mcu.es:80/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/130048 (consultado el 9 de septiembre de 2024).
83 GARCÍA ÁLVAREZ, Juan Pablo, La compleja personalidad del padre Mier: algunos aspectos poco conocidos, México, Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, 1964, p. 32. Negritas en el original.
84 Ibidem, pp. 41-61.
85 Ma. Patricia González Chávez, “El CIDOC en El Colegio de México: tránsito al corazón de una época”, Amontanamos las palabras, México, El Colegio de México, 2019, https://doi.org/10.58079/lwde (consultado el 23 de octubre de 2024).
El ensayo de Lombardi estudia la ideología política de Mier en favor de la independencia y la forma de gobierno en México, más allá de “su pintoresca y quijotesca carrera como un religioso controversialista y aventurero europeo”. En la introducción perfila una mirada crítica a la historiografía sobre Mier, tanto aquella que lo “glorifica”, como el caso de José E. González, o aquellas posturas adversas, como la de Junco. El texto no es una biografía como tal, si bien va en orden cronológico, sino un análisis de los argumentos políticos de fray Servando en diferentes momentos, por lo que no se ocupa en cuestiones como sus escapes o su personalidad. Lombardi subraya que a Mier hay que considerarlo no como “un teórico político, sino como un propagandista. Su propósito siempre fue convencer, persuadir o inspirar. En la búsqueda de este objetivo, usó todo lo que estaba a su alcance”. En torno a los debates del Constituyente de 1823- 1824, Lombardi lo identifica como el “líder de las fuerzas que luchaban por un gobierno central fuerte”.86
Concluimos este recorrido historiográfico con un libro conmemorativo editado por la Universidad Autónoma de Nuevo León en el sesquicentenario del fallecimiento del padre Mier, en 1977. El volumen reúne textos tanto del homenajeado, tales como cartas y discursos, escritos de Alfonso Reyes y José E. González, así como de Pedro G. Zorrilla Martínez, entonces gobernador de Nuevo León; Luis E. Todd, rector de la Universidad Autónoma de Nuevo León; y Raúl Rangel Frías, director de la Dirección General de Humanidades de dicha casa de estudios, quienes elaboraron “memoriales” a manera de introducción. El tomo contiene de igual forma estudios del historiador Israel Cavazos Garza y el escritor Miguel Martínez Rendón.
Las palabras de Zorrilla Martínez, provenientes de un breve discurso no planeado, dimensionan el carácter universal de fray Servando, pues “la suya es una lucha permanente que en todas partes existe; es fundamental que muchos sigan luchando por ganarla, porque esos tribunales y esas cárceles y esa inquisición y esas dificultades, siempre las habrá”. Todd, por su parte, señaló la lucha por la libertad y la revolución del ex dominico, mientras que Rangel Frías expuso una breve síntesis de su vida.87 Por su parte, el texto de Martínez Rendón, escrito originalmente en 1945, contiene reminiscencias de un discurso romántico, centrado en el carácter americanista del padre Mier durante la época independentista, como la solicitud que realizó en
86 John V. Lombardi, The political Ideology of fray Servando Teresa de Mier. Propagandist for Independence, Cuernavaca, Centro Intercultural de Documentación, 1968, pp. 0/5, 2/1, 3/9. Foliación original. Traducción propia.
87 GOBIERNO del Estado de Nuevo León, Fray Servando. Biografía, discursos, cartas, Monterrey, Gobierno del Estado de Nuevo León, UANL-Dirección General de Investigaciones Humanísticas, 1977, pp. 11-29.
el Congreso en 1823 para nombrar como ciudadano mexicano a simón Bolívar, petición que transcribió el autor. Por su parte, el texto de Cavazos Garza es una crónica de los últimos días de fray Servando, su fallecimiento, entierro y el supuesto destino de su momia después de 1861.88
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Consideraciones finales
Como se ha podido apreciar a lo largo de esta revisión, la vida y obra de fray Servando Teresa de Mier no ha pasado desapercibida en poco más de doscientos años. De esta manera, transitamos de un Mier autoproyectado, a los recuerdos de quienes lo conocieron, atravesados de sus memorias e impresiones políticas, a un personaje más dentro del devenir nacional y regional. Posteriormente, el fraile se convirtió en un ejemplo pedagógico y cívico digno de servir, hasta ser un ícono internacional de la libertad, un personaje que forzosamente despertaba fantasías y sentimientos de aventura, así como un hombre en demasía complejo que debe ser tratado con el mayor rigor académico posible.
Resulta interesante que, sin ser considerado como un personaje clave en el proceso independentista mexicano o de los primeros años del México independiente, ha recibido, en términos cuantitativos, una atención considerable, si se compara en términos de libros a otros tantos personajes, como Nicolás Bravo, Vicente Guerrero o Guadalupe Victoria, de quienes también se han escrito diversos trabajos biográficos, pero sin llegar a la profusión de las obras que aquí se han presentado.
Se puede argumentar que esto se ha debido a las múltiples facetas que el padre Mier tuvo en vida, y que han permitido desde hace décadas una diversidad de investigaciones y reflexiones, ya sea sobre su personalidad, ideología política, dotes oratorias, su misma producción escrita, etcétera. Más aún, el ejercicio de reconstrucción y análisis de las biografías y e historias permite esbozar una visión de la historiografía nacional por demás interesante, al notar cómo diferentes autores retoman y rebaten posturas y argumentos de unos y otros. Del mismo modo, se puede perfilar la manera en que la labor historiográfica de nuestro país se ha desenvuelto, desde las razones por las cuales se escribe la historia, las interpretaciones dominantes, hasta la recuperación y edición de fuentes primarias, donde el formato en que se publican, como los folletos, son importantes.
88 Ibidem, pp. 316-333.
Por supuesto, las biografías dedicadas a este personaje no han cesado. Por mencionar algunas, encontramos el texto literario Fray Servando Teresa de Mier, una vida de novela, de la historiadora Begoña Arteta (1991); la muy conocida y compleja Vida de fray Servando, del crítico y ensayista Christopher Domínguez Michael (2004, 2022); y, en fechas recientes, Padre Mier. Vida y pensamiento, del jurista Rafael Estrada Michel (2016). Estas obras deben considerarse a la luz de la multiplicidad de trabajos e interpretaciones que, en las últimas décadas, se han hecho desde el mundo académico, con una mirada mucho más particular sobre múltiples aspectos de la vida, obra y pensamiento de Servando Teresa de Mier.
A 200 años del establecimiento de la república federal y de la promulgación de la primera Constitución del país, resulta de particular interés un personaje como al que aquí se ha estudiado a través de sus biografías e historias, no solo en lo tocante a su ideología política – que ha pasado de ser considerado centralista a posicionarlo como un federalista contrario al confederalismo– sino también en múltiples aspectos que, como he señalado, revelan mucho más sobre la práctica histórica e historiográfica de nuestro país desde hace dos siglos, y la manera en que esta profesión continúa en la actualidad, sus metas y necesidades.
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